Generación online..¿y offline?

Tres casillas sobre fondo negro con las opciones "Offline, Online y Standby"
Dibujo de una chica frente a su portátil, con un café y unos papeles en la mesa. La chica está rezando.

Redes sociales, móviles, internet…¿manejamos las nuevas tecnologías de la información o ellas nos manejan a nosotros?
Claramente, se aprecia cada vez más la dependencia a las nuevas tecnologías, especialmente en smartphones, usando redes sociales (facebook, twitter) e invirtiendo mucho (MUCHO) tiempo en videojuegos, streaming, pornografía…”de tó” (pero “muuusho“).

Con el smartphone sacamos Internet a la calle.


Cuando el móvil empezó a convertirse en un producto y fenómeno de masas, allá por la segunda mitad de los años 90, las funcionalidades básicas (y casi únicas) de los terminales eran llamadas y el envío de mensajes de texto, vamos, los sms.

20 años más tarde, los móviles ahora son “smartphones” e internet está en todas partes. TODAS. De vez en cuando los llamamos teléfonos móviles, siendo cada vez “menos teléfono” y más un “todo-en-uno tecnológico“. Un dispositivo que puede ser tanto un excelente aliado tecnológico en el campo profesional como la mayor fuente de distracción que haya conocido el ser humano: Internet, reproductor de videos y música, aplicaciones de mensajería (el conocido Whataspp), cámara de fotos; televisión; cámara de video; calendario; agenda; lector de libros electrónicos…

Nos encontramos con un arma de doble filo: por un lado, un fantástico “gadget” para nuestro trabajo y por otro, un peligroso “juguetito tecnológico para todas las edades. ¿Que no? Sube al metro o el bus y mira que hace la gente mientras espera en su parada.

Ciberadicción (adicción a internet). ¿mito o realidad?

Y es que el “enganche” que provoca en algunas personas el uso abusivo de Internet puede ser fuerte. Una fuente de información inagotable, de ocio, de diversión, de lo lícito y lo ilícito (léase deep web)

El mayor problema de Internet es que -prácticamente- no tiene límites. Puedes encontrar desde una loable web de voluntariado para ayudar a niños desfavorecidos hasta formas para fabricar un artefacto explosivo (¡y que funcione!).
Eso, sin nombrar la sobrecarga informativa que suponen miles de blogs (éste no ✌✌) publicaciones especializadas, periódicos online, wikis, foros…
El acceso a lo “prohibido” y la facilidad para obtenerlo, son razones más suficientes para convertirse en un ciberadicto. Dicho esto desde un punto de vista meramente personal (que no profesional), es obvio que un mal uso o simplemente un uso abusivo -de cualquier cosa- puede provocar efectos muy nocivos en cualquiera de nosotros.
De la misma manera que una copa de vino no hace mal , pero una botella y media sí, sucede parecido con el abuso de las nuevas tecnologías. No está claro si la ciberadicción se puede considerar una enfermedad mental de tipo “adictiva”, dado que no está tipificada como tal. Pero si que es cierto que no podemos mirarla de perfil.

Videojuegos, ¿hobbie u obsesión?

Los videojuegos son el “pilar” más antiguo de esta nueva construcción del ocio y tiempo libre en la sociedad. Previos, y por unos cuantos años, a la llegada de Internet y los móviles.

Si bien antes los videojuegos se circunscribían al ámbito casero y las míticas salas de máquinas recreativas, entre ambos lugares estaba “la calle” para -quisieras o no- desconectar.
De un tiempo algo previo al boom de los teléfonos móviles comienzan a aparecer las primeras consolas portátiles: Gameboy, Game Gear, Neo Geo…las parientes antiguas de las más recientes Playstation portátil, PS Vita o Nintendo DS.
Ni que decir tiene que tampoco existían tablets ni había explotado el fenómeno de los ordenadores portátiles.
Y no. No hablo del Cretácico Superior, sino de un momento hasta, más o menos, entre 1990 y 1995. es decir, sólo allí donde podías conectar la videoconsola a una televisión.

¿Qué ha cambiado? Que ahora la gente sigue jugando, pero juega en el bus, en la sala de espera del médico, en la cola del supermercado, en la playa, en la piscina, en el cuarto de baño, en la oficina…

Está demostrado que la adicción a los videojuegos existe. Y presenta, en algunos casos, síntomas similares a los que provoca la adicción a las drogas o el alcohol: dificultad para conciliar el sueño, ansiedad, irritabilidad…

Ahora el reto es vivir SIN la tecnología. Sin mirar el móvil, el tablet, el portátil, la Mii Band… ¿se puede conseguir?

Redes sociales: ventajas…y algunos inconvenientes

Por último,  podemos decir que las redes sociales se han convertido en un”ágora pública” en modo virtual.
El lugar donde exponer ideas, “desarrollar” insultos, mantener contacto con amigos y familiares y, en definitiva, tratar con nuestros semejantes sin tener siquiera que mirarles a la cara…

Algunas redes (Twitter principalmente) ofrecen un ritmo de actualización casi salvaje (volvemos a lo de la sobrecarga informativa) imposible (o casi) de seguir.
Por otro lado, la constante (consciente o inconscientemente) apertura a nuestra información privada es una “vía de agua” por la que podemos resultar tremendamente expuestos (fotos personales, datos Bancarios, información confidencial…) a usos fraudulentos por parte de terceros.

 Conclusión: TODO, en su justa medida

Ni utilizar el móvil, ni navegar por Internet ni jugar a los videojuegos ha matado a nadie (o casi). El asunto es, como todo, saber utilizar lo que la tecnología nos ofrece. Estamos en un momento en el que el aprendizaje puede ser mucho más rápido, fácil y eficaz de lo que llego a serlo nunca la “edad del papel“.

Aprendemos con métodos interactivos (se aprende más rápido actuando -aprendizaje cognoscitivo– que memorizando –aprendizaje cognitivo) y gracias a los MOOCs el e-learning está cada vez está más popularizado.
Las tecnologías nos permiten acceder a miles de recursos para mejorar nuestra formación, ampliar nuestro conocimiento y estar al tanto de la actualidad educativa -casi- al momento.

Es nuestra nuestra responsabilidad usar sabiamente lo que la tecnología nos ofrece, al igual que es necesario saber enseñar este uso a las nuevas generaciones.

No nos olvidemos nunca que, más allá de cualquier pantalla, existe el mundo real. Y con o sin Internet, el sol seguirá saliendo cada mañana.