Cómo gestionar la sobrecarga informativa (y 2)

Chica estresada leyendo entre libros

Continuamos aquí la serie que empezamos hace un tiempo sobre la avalancha informativa que nos llega de Internet diariamente y a la que debemos hacer frente de alguna manera para no vernos saturados con un torrente de datos.

Es importante saber cribar la información útil y pertinente, la que nos interesa y afecta directamente, de aquella que no es tan “imprescindible” y que no se relaciona con las parcelas de nuestra vida personal o profesional.

¿De dónde viene la información?

Otra cosa que necesitas ver es cómo estás recopilando la información.  ¿Son cosas que la gente te manda por email o comparte contigo online? ¿Estás recibiendo una docena de emails o newsletters en tu bandeja de correo todos los días? ¿Estás suscrito a 100 –o más- RSS feeds?

Haz –de nuevo- una lista de la forma en la que recopilas toda esta información, las websites y los servicios que usas, y una estimación aproximada del tiempo que te toma cada uno de estos servicios, cada día.  Chequea cuántos de estos servicios tienen relación con los ítems que escribiste en las dos primeras listas que hiciste en el paso anterior y marca con un “1” cada recurso que corresponda con lo que incluye la primera lista, un “2” con la segunda y un “3” con la tercera.

Pizarra con las 5 W del periodismo (inglés)

Una vez que hayas marcado cada fuente informative, necesitarás comprobar si se tratan de fuentes activas o pasivas. Las fuentes pasivas son aquellos recursos de los que recoges información sin tener que buscarla por tu cuenta. Emails y RSS feeds entran en ésta categoría.

Las fuentes activas son sitios que tienes que visitar regularmente y a los que no estás suscrito a través de email o RSS.

Limita tus fuentes

El primer paso a la hora de tratar con la sobrecarga de información es limitar las fuentes informativas. Mira la lista de recursos de donde procede tu información e imagina cuales no son necesarias.

Hay algunos criterios para decider qué es necesario y qué no. El primero: si dos fuentes ofrecen –más o menos- los mismos contenidos, deshazte de uno de ellos. El segundo: si hay algún feed RSS o newsletter que raramente lees, borra tu suscripción. Para la mayoría de la gente, esto servirá para sacarse de encima buena parte de la información que le llega.

El tercero es un poco más “agresivo”. Mira la lista de recursos que has marcado con el número “3” (esas cosas que no tienen impacto directo en tu vida profesional o personal) y decide si eliminarlos o no. Es recomendable eliminar los RSS o newsletters relacionados con estos ítems.

Considera también que recursos pueden venir de varias vías. ¿Los newsletter de tu correo también están disponibles via RSS o viceversa? Si es así, considera cambiar a uno de los dos formatos de suscripción.

Reserva una parte de tu tiempo para estos asuntos

El principal problema de la sobrecarga de información está muy relacionado con el hecho de que estamos constantemente bombardeados con información. No hay descanso posible. Para superar este cúmulo informativo, necesitamos detener este constante flujo informativo.

Reserva una parte diaria de tu tiempo para tratar esta información. Esto significa comprobar el correo un determinado número de veces y chequear los RSS un determinado número de veces.

Imágenes

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